Déjame que te cure;
Los labios cortados con besos o las arrugas del alma mal planchadas por otra.
Déjame que sea tú, que cuide de tus sueños y me los lleve cuando salga el sol. Quemarme mientras los sueñas y yo no puedo dormir, déjame incendiarlos si son pesadillas. Pasar de ti como paso de todo. Que me ilusione viéndote feliz y que me rompa en pedazos si me mientes. Déjame. Seguir siendo tus ganas, un cuerpo tirando en las gradas esperando a que salgas para ver el balón presionado entre el parquet y la ilusión que te hace formar parte de ese equipo.
Deja que sea mi sonrisa quien te mienta y no yo. Déjame engañaros a todos con lo nuestro hasta que seamos capaces de reinventarlo, como si nunca nos hubiera dolido.
Hazte la tonta, como lo hago yo. Mátame si no puedo hacerte feliz. Déjame ser incorregible también contigo. Dar un vuelco a todo lo que aparento y quedarme indiferente. Escribir tu personaje a mi medida y el mio lo más lejos -interpretativamente- de mi.
Déjame seguirte y, de vez en cuando, subirte al cielo, hacerte magia.
Volver a ti a refugiarme y nada más. Mandar a la mierda el optimismo y reconocer que lo único que salva mi locura eres tú, que mi paracaídas se llama Sofía.
Abandóname, si quiero, en lo que sería mi estudio abuhardillado, fumando Lucky Strike, tratando de escribir genialidades y 'Lo que nunca sabrás y otras contradicciones'. Sonando fuerte Yiruma desde un piano en el que no haya sentado nadie. Nevándome en la calle y echádote de menos.
Deja que te escriba algo triste, pero no dejes de hacerte la tonta.
Déjame odiar el frío cuando no estas aquí para quitarmelo, y el calor cuando te agobie dormir conmigo. Déjame darle a este texto el nombre que me de la gana, sentirme hoy como me nazca.
To be, or not to be.
William Shakespeare.
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