domingo, 3 de febrero de 2013

Vainilla


Cuando me quise dar cuenta, habíamos dejado de desconocernos, había terminado enero y olía al invierno en que te enamoraste de mí. 
Te había desnudado y deslizaba mis manos llenas de crema de vainilla por tu espalda, te miraba la nuca y las curvas del cuello. Nos estábamos entendiendo, seguías haciéndome feliz con las mismas artes. 

Ya no sonaba esa música y había dejado de extrañar las luces cálidas del Baile de Noche de Enero. Ahora te miraba respirar fuerte por la boca, agarrarte el pelo con la goma y sonreírme. Ahora te sonreía yo como no he sonreído nunca a nadie. Entonces sí que era un baile, y sí que oías la misma música que yo, pero no eran precisamente tus uñas pintadas de rojo lo que mirábamos, ni un baile de ancianos lo que bailábamos. No había tiempo para reaccionar y ya no importaba si en la calle llovía. No ibas a levantarte al baño y de besos ya me tenías servida.


'Ya les gustaría luchar por lo que yo lucho, abrir los ojos y cegarse con tus maneras. Ya les gustaría tener alguien como tú en su almohada. Ya les gustaría Múg.' 

No hay comentarios:

Publicar un comentario