lunes, 10 de diciembre de 2012

Cuando era follar, nosotras lo llamamos 'Magia'


Déjame que te cure;
Los labios cortados con besos o las arrugas del alma mal planchadas por otra.
Déjame que sea tú, que cuide de tus sueños y me los lleve cuando salga el sol. Quemarme mientras los sueñas y yo no puedo dormir, déjame incendiarlos si son pesadillas. Pasar de ti como paso de todo. Que me ilusione viéndote feliz y que me rompa en pedazos si me mientes. Déjame. Seguir siendo tus ganas, un cuerpo tirando en las gradas esperando a que salgas para ver el balón presionado entre el parquet y la ilusión que te hace formar parte de ese equipo.
Deja que sea mi sonrisa quien te mienta y no yo. Déjame engañaros a todos con lo nuestro hasta que seamos capaces de reinventarlo, como si nunca nos hubiera dolido.
Hazte la tonta, como lo hago yo. Mátame si no puedo hacerte feliz. Déjame ser incorregible también contigo. Dar un vuelco a todo lo que aparento y quedarme indiferente. Escribir tu personaje a mi medida y el mio lo más lejos -interpretativamente- de mi.
Déjame seguirte y, de vez en cuando, subirte al cielo, hacerte magia.
Volver a ti a refugiarme y nada más. Mandar a la mierda el optimismo y reconocer que lo único que salva mi locura eres tú, que mi paracaídas se llama Sofía.
Abandóname, si quiero, en lo que sería mi estudio abuhardillado, fumando Lucky Strike, tratando de escribir genialidades y 'Lo que nunca sabrás y otras contradicciones'. Sonando fuerte Yiruma desde un piano en el que no haya sentado nadie. Nevándome en la calle y echádote de menos.
Deja que te escriba algo triste, pero no dejes de hacerte la tonta.
Déjame odiar el frío cuando no estas aquí para quitarmelo, y el calor cuando te agobie dormir conmigo. Déjame darle a este texto el nombre que me de la gana, sentirme hoy como me nazca.



    To be, or not to be.  
William Shakespeare.






martes, 4 de diciembre de 2012

Tal vez Diciembre


Si hubiese escrito mi historia antes de que sucediese,
la chica de mis sueños también viviría cerca del aeropuerto.


Anoche llegué tarde y cansada por cumplir un sueño, como a mi me gusta decir.
Vuelvo de ensayar, meto lo que queda de mi en la cama y me muero por que
estés conmigo. Trato de convencerme de que no puedes venir ahora, pero quiero
pedírtelo. Necesito que estés.
Quiero que vengas porque a las 03:13h suelo levantarme al servicio, y me gusta
verte acurrucada en mi pecho, porque es así cuando termino de ser lo que
siempre he querido. Quise cambiar el mundo y ahora me doy cuenta de que tú
eres mi manera de cuidarlo, de acercarlo al cambio.
No creo que esta mañana sea capaz de escribirte aquí lo que en realidad tienes
que saber, pero es posible que cualquier día, de cualquier año, te quedes
mirándome y todo salga. Estoy segura de que será navidad. Tal vez en esa casa
que aún está esperando que vayamos a alquilarla, o en nuestro estanque con patos.
A lo mejor ni siquiera existe la parada de tren en la que estaremos sentadas. Pero
sé que será mágico, como todo lo que haces cuando miras.
Sé que eres tú, y que por una vez en mi vida, no estoy equivocada. Por una vez en
mi vida, no quiero escribir un texto rebelde, no quiero protestar, ni declararme en
guerra con nadie. No quiero llamar la atención, ni resultar prepotente, por una vez.
Que si el mundo se nos cae encima, quiero pintarte otro. Que si tratan de imitar lo
nuestro, vamos a ser todavía más grandes, por que eso ya es incitar al cambio.
Ni siquiera tú sabes la suerte que tengo de tenerte, de compartirme con alguien que
nunca quiere discutir, que da cuerda a su vida a partir de la mía. No sabes la suerte
que tengo de haberte encontrado, de que me ahogues el estrés de toda una semana
en una noche de viernes, de seguir llorando al escribirte, aunque lleve haciéndolo
un año y tres meses.