Ha dejado de importarme lo que podáis pensar de mi, porque por la noche,
mientras vosotros no conseguís dormir, ella se me acurruca y me besa hasta
dormirse. Entended, entonces, que haya dejado de preocuparme lo que vayáis
diciendo, que ya ni me acuerde porqué os hablé la primera vez.
Ninguno de vosotros me ha querido bien nunca, ni ha tenido la victoria de
enseñarme algo. Ninguno de vosotros puede decir que me entienda, porque todo
lo que me pasa es indecible. Sois muy listos, sabéis mucho de todo, pero ninguno
me ha podido dar nunca una lección. Claro que sé que toda esta arrogancia me
lleva por mal camino y que en cualquier momento me estallará en toda la cara
demostrándome que nadie es mejor que nadie, claro que he pensado que algún
día flaqueará esta alegría y me dejará hecha añicos, pero para entonces, aquí
seguirá ella, llegando al suelo antes que yo para protegerme de la caída, para
levantarme con todo su amor.
Y probablemente, ahí seguiréis vosotros, importándome un puñetero bledo.
Desde mi cama no se siente tanto miedo,
solo la calma que has dejado en medio de todo este caos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario