Creí que era la hora de dejarlo todo,
de colgar la toalla o colgarme de algún lado...
y me colgué de tus noches sin dormir, de los gestos que me haces,
de las miradas de complicidad y las palabras que nunca ha hecho falta decir.
Me colgué de la manera en que te vistes, de la música que hace tu risa,
que debería leerse en partitura para piano.
Me colgué de cuando callas, de lo bonita que estás cuando me miras enfadada,
de tus ganas de cambiar el mundo. De cada piedra que se pone en tu camino y
termina siendo una lección más para mí.
Soy mucho mejor desde que soy otra. Si, sigo haciéndome la dura, pero ya ves,
siempre se me termina colando alguna chica debajo de la piel, como siempre.
Sigo cultivando conversaciones en las que descubro que sigo siendo grande,
y sigo rodeándome de grandes, ahora con algo más de Arte, claro.
Sigo montando tinglados en restaurantes si tardan en traerme la cuenta,
y sigo siendo quien pifia las fiestas a las que no me han invitado.
Sigo pateándome Madrid en Converse, partiéndome la cara por los míos,
saliéndome de madre. Y sigo creyéndome Dios. Hay cosas que nunca cambian.
Pero hagamos una cosa; cuando deje de montar tinglados y de rayarme,
cuando siente la cabeza y empiece a respetar límites, quédate.
Quédate y recuérdame lo que soy.
"Impulsiva, prepotente, de gran corazón y diminuta modestia."
(Prólogo)
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