lunes, 25 de febrero de 2013

Donde siempre regreso


¿Cómo no voy a ser feliz, si llega a casa y me deja toda la ropa por la habitación, y luego se ducha y deja la toalla mojada en cualquier parte? Si se empeña en ocupar sólo un cuarto de la cama entre las dos y la hora de levantarse es cuando ella ya no tiene más sueño.
Estoy enamorada de todos sus defectos, ¿cómo no voy a ser feliz?

Alguien me dijo que el secreto de la felicidad está más cerca de lo que creemos, que está en lo que creemos. No lo entenderíais, pero tiene mucho que ver con eso de seguir teniéndola al lado izquierdo de la cama.
Creo que si luchas por algo, ya tienes más de lo que pudieran soñar otros, y que las cosas que poseemos, siempre tendrán más valor que las que deseamos, porque ya son nuestras, y eso debería obligarnos a luchar. Entonces no importa si salgo a la calle y  me llueven los idiotas, porque cuando regreso está ella, que me seca de idiotas y me empapa de sonrisas, y eso es mucho más de lo que cualquiera podría soñar.

De todas formas, por si el viento sigue golpeando las persianas, recuerden que lo importante es el amor y el afecto.
Algunos seguimos guiñándole un ojo al poeta y saliendo a cambiar el mundo, a atentar contra lo inhumano. Algunos nos miramos al espejo por las mañanas y juramos sonriendo:

- Va por ti, Lorca. 

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