He pasado grandes días, siempre rodeada de grandes personas,
creciendo, eso no puede decirlo todo el mundo.
Aprendí de mis padres; De mi padre la humildad,
de mi madre a querer (y quererme), a respetar (y respetarme)
y que 'pase lo que pase ahí afuera, yo siempre creeré en ti.'
De mi hermano la grandeza y a cuidar de los míos.
Y de mi abuelo a ser persona.
Del verano del 2005, "No molestaré a mis compañeras
y respetaré la hora de dormir porque mis padres se gastan mucho
dinero en este colegio y yo no hago más que el tonto." (cien veces)
y "Felipe es un Dios y hay que adorarle" (mil veces).
De Bea que las mejores personas están donde mas juzgamos,
de Aitor a luchar por un sueño, cueste lo que cueste,
de mi amiga de la infancia a hacer pompas de chicle,
de mi tío Justo a montar en bici, de Dani que mola más ser bueno,
de Jota que soy mejor de lo que creéis, de Sandra a encontrarme.
De Alba a ser feliz.
Aprendí de amigos y "amigos", que no te puedes fiar de nadie,
de profesores a conjugar verbos con el pronombre 'usted',
y que el dinero mueve el mundo y a las personas.
De mi hermana la verdadera amistad,
y a transformar la sangre en tinta y el apellido en una promesa.
Y de su madre a abrir el corazón.
Mis ex me enseñaron que soy diferente, especial.
El resto del mundo que si no quiero ser como ellos, no debo envidiar.
Tengo la suerte del tonto; si juego por primera vez a algo, gano.
Siempre hay un sitio libre para mi en el metro. Y sin buscarlo,
te he encontrado.
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