Esta noche no me hace falta salir a saltar semáforos en rojo mientras la lluvia golpea el parabrisas. Esta noche es lluvia fina e intermitente, y me conformo con verla desde la ventana, con llover yo desde aquí.
Es otoño, y ya han empezado a salpicarme los problemas de otros. Las chicas de las que me enamoré y sus vicios, sus manías, vuelven a dejarse sus bufandas en mi perchero emocional. El perro de la esquina vuelve a ladrar cuando paso con la ropa mojada. Los cretinos del bar vuelven a ver su fútbol, y sus mujeres a la sopa caliente en casa. Es octubre. Apago la tele y salgo a buscar los abrazos que me prometieron, pero ya se sabe, las promesas son el material que mejor arde.
Es octubre, mi chica vuelve a besarme la nariz fría, a abrazarme en la parada y a pedirme que escriba.